El Traverso

En primer lugar veamos las características de la flauta en sí, empezando por su forma: Se trata de un instrumento de taladro más o menos cónico, provisto de siete agujeros de digitación, el último de los cuales se acciona por una llave. Su extensión es de dos octavas y  una quinta media, pudiéndose realizar mediante posiciones naturales (destapando los agujeros a partir de uno grave, en este el RE, siguiendo los sonidos correlativamente) y posiciones de horquilla la escala cromática.

Consta generalmente de cuatro piezas, a veces de tres, cada una de ellas ensamblada a la siguiente. Su antepasado directo es la flauta renacentista, la cual es cilíndrica y estilizada exteriormente. La familia Hotteterre actuó durante los siglos XVII y XVIII como constructores ejecutantes y compiladores de diversos instrumentos de viento-madera; a ellos se debe en gran parte su evolución o su “transición” del Renacimiento al Barroco.

Aunque la flauta barroca ha mejorado en su evolución con respecto a la flauta del Renacimiento, vemos por ejemplo, como los problemas de afinación les hacía encontrar recursos en la física del instrumento obteniendo óptimos resultados:

  1.  Ensanchar interiormente los agujeros u orificios para aumentar su apertura acústica conservando un diámetro adecuado al dedo.
  2. Construir los agujeros inclinados o agrandarlos de forma asimétrica. El orificio 4 se solía agrandar interiormente hacia el extremo y el 6 hacia la embocadura.

DIGITACIÓN

Llamamos posiciones naturales o “sonidos base” aquellos que se obtienen al destapar todos los orificios a partir de uno dado:

Con seis agujeros, los sonidos de base solamente nos dan seis notas. Pero combinando los orificios abiertos y cerrados se obtiene la posición de “horquilla” bastante incómoda de realizar en este tipo de flauta ya que es muy frecuente.

Por ejemplo el cambio de posición MI – FA:

Si comparamos estas dos posiciones, la primera corresponde a la de un sonido base y la segunda a un sonido con posición de horquilla. El FA tendrá un timbre más sordo que el MI. Lo mismo sucede con las demás posiciones de horquilla.

EL TUBO

Las flautas barrocas que nos han llegado no poseen las mismas medidas de taladro y posición de los agujeros. No obstante, se puede ver una tendencia común a todas ellas: La cabeza es prácticamente cilíndrica. La parte central (los dos cuerpos correspondientes a cada mano) está construida por la unión de dos troncos de cono convergente, cuya pendiente se acentúa en dirección al pie. Éste puede ser cilíndrico, cónico o divergente, según el instrumento.

Un tubo cilíndrico-cónico da un sonido más grave que un tubo cilíndrico de igual longitud y diámetro; y esto tanto más cuanto la conicidad sea más acentuada. Ello permite a la flauta cónica ser más corta, y así las distancias entre los agujeros disminuyen a favor de la comodidad de los dedos.

Podemos decir que el gran interés del taladro cónico se refiere a los agujeros, como ya hemos visto. Además la flauta produce la octavación con las mismas digitaciones utilizadas para los sonidos fundamentales, salvo en las posiciones horquilla.

Señalamos también que el pie era en principio prácticamente cilíndrico, convirtiéndose en divergente hacia el final del Barroco. Si se reemplaza en una flauta un pie por otro, se observa en el monograma un enriquecimiento en armónicos correspondiendo al pie divergente, al mismo tiempo que una mayor intensidad en los sonidos graves.

Un detalle importante en cuanto a la flauta de una llave es la manera de afinarla. Podemos efectivamente bajar el LA tirando de la embocadura, para alargar ligeramente el tubo. El nuevo LA puede ser satisfactorio, pero el resto de las notas habrá perdido un poco su afinación con relación a dicha nota: Por una parte hemos modificado la distancia entre el agujero de la embocadura sin modificar en consecuencia las relaciones entre las distancias que separan los orificios; por otra parte, el taladro del tubo aumenta en la unión de la cabeza y el cuerpo a lo largo de una longitud igual al desplazamiento que hemos realizado con la cabeza de la flauta. El problema de la normalización del diapasón fue importante durante el barroco, puesto que Quantz nos dice que variaba con las ciudades y provincias.

Se empezaron a construir hacia 1720, flautas con varios cuerpos que posibilitaban así el cambio de diapasón sin perder por ello la afinación. Se construyeron incluso instrumentos como la flauta Schlegel, que se conserva en el Museo de París. Construida de Marfil, posee 6 cuerpos diferentes y uno más que transformaba el instrumento en flauta de amor alargando el tubo. Las experiencias realizadas con esta flauta respecto a la afinación han sido decepcionantes, lo que tal vez explique el perfecto estado en el que se conserva que hace pensar que fue poco utilizada. Tal vez entonces no fueran tan grandes sus desajustes de afinación y haya sido el tiempo el causante de estos resultados.

[Extracto de la “Memoria de la Flauta Travesera”, Junio de 1988. Marisa Esparza]